Wimbledon – Un sueño cumplido.

Hace justo 2 años, exactamente el 11 de julio, decidí aventurarme a conseguir entradas para el torneo de tenis más hermoso del mundo, ese tan emblemático que incluso los no tan allegados a este deporte conocen: Wimbledon.

Después de 1 mes de aventura por Italia, quería culminar mi viaje en Londres, Inglaterra. Estaba viviendo una etapa en mi vida en la que el tenis se estaba convirtiendo en mi deporte favorito, donde figuras como Jannik Sinner, Draper, Fritz, etc., aún eran desconocidos para mí. Obviando que sí conocía a jugadores como Alcaraz, Nadal, Djokovic <3 o Federer, por ser tan mediáticos y, deportivamente hablando, superiores a los demás.

Quiero comenzar a contar esta travesía partiendo de mi desconocimiento sobre cómo conseguir entradas. Yo fui a Londres por diferentes razones, tanto deportivas como culturales. Visité estadios de football como Stamford Bridge o el Emirates Stadium. También fui a la carrera de Fórmula 1 en el emblemático Silverstone y mi desconocimiento me hizo no considerar Wimbledon, aunque las ganas las tenía.

Pero una motivadora luz de esperanza me hizo ver que era posible conseguir entradas para el torneo, aun sin haber comprado con anticipación. Un amigo, motivándome a intentarlo, me hizo poner manos a la obra para realizar una profunda (y realmente complicada) investigación de cómo lograr entrar. No quiero extenderme en explicaciones largas y probablemente absurdas, cuando lo esencial solo es que debes realizar una larga fila de largas horas en la que se repartirán tarjetas a una cantidad limitada de afortunados, intrépidos y que no tienen nada que hacer al día siguiente, para poder acceder al emblemático lugar. Específicamente, se dan 500 entradas para la cancha principal, 500 entradas para la segunda cancha principal, 500 entradas para la tercer cancha principal y a partir de la tarjeta 1501, las tarjetas serán únicamente para acceder a todas las canchas secundarias, donde los primeros días del torneo valen mucho la pena. Como dije, no me quiero explayar en explicaciones, pero entrar a la zona de canchas secundarias (llamada ground zone) te permitía también acceder a una clase de reventa interna en la que se ofrecían boletos para todas las canchas principales con la condición de que una persona con boleto haya decidido retirarse y donarlo. Puede parecer difícil, pero mucha gente ha logrado entrar así a ver partidos emblemáticos de las figuras tenísticas más importantes.

Pero bueno, decidido a lograr entrar a una de estas canchas principales y sabiendo que debía estar muchísimo tiempo antes, salí de mi hospedaje a las 4 a.m. para formarme y ser de los primeros. Eran cuartos de final, entre semana, martes específicamente. Éramos yo, el sol y más de 8,000 personas queriendo entrar, pero no todos quisieron hacer el pequeño esfuerzo de llegar en la madrugada, así que por fortuna alcancé a conseguir la tarjeta número 737. Y como le expliqué antes, esto me dio la posibilidad de comprar para la segunda cancha principal (Court 1) y por fin, después de lo que consideré un gran esfuerzo, logré entrar.

Dos partidos, uno de hombres y uno de mujeres, donde mi ignorancia no me hizo darme cuenta que el jugador que estaba viendo era quien, 2 años después (tiempo presente), sería el mejor jugador del mundo. Hablo de Jannik Sinner. La arrepentida que me dio tiempo después no haberlo disfrutado como se merecía.

El segundo partido también me emocionaba mucho por la jugadora Jessica Pegula, una gran tenista con un padre extremadamente millonario y dueño del equipo de NFL Buffalo Bills, contra Marketa Vondrousova, una tenista desconocida para mí y que, curiosamente, fue la campeona del torneo. (Ro siempre llevando buena suerte a todos).

Fue una gran aventura, donde el pequeño esfuerzo de levantarme temprano me dio la oportunidad de vivirlo… pero no tuve suficiente con una sola vez.

2025, año en el que tenía decidido vivir en Londres unos meses para mejorar mi inglés, donde volvía a coincidir en fechas con el torneo y donde ahora tenía mucho más conocimiento de jugadores y mi fascinación era muchísimo más.

Quería cumplir un sueño. Tengo dos ídolos en mi vida. El primero, que ya logré ver en vivo, donde tuve que viajar a Portugal para lograrlo, fue CR7. Verlo en vivo y tan cerca fue para mí una de las mejores cosas que he presenciado en mi vida. Pero no quería quedarme viendo solo a un ídolo, quería ver a mi segundo ídolo, que era mucho más difícil conseguir verlo y que incluso el tiempo cada vez me metía más presión porque se sentía cerca su retirada. Hablo de Novak Djokovic.

Wimbledon y Djokovic tienen una especie de romance. El sueño de Djokovic era ganar Wimbledon. El mío era verlo jugar en Wimbledon (me sentí poco ambicioso cuando pensé en este sueño). En fin, quise atreverme a comprar un boleto con anticipación, arriesgándome a no comprarlo el día que él jugaba, ya que sí, el cuadro y calendario se anuncian casi una semana antes, por lo que mi anticipación era una especie de lotería.

Llegó el día. Yo viviendo en Londres y Wimbledon a punto de empezar. Sueltan el calendario y… lamentablemente no tuve la suerte. Entré a Wimbledon, sí, pero no fue lo que esperaba. Me gusta estar ahí, no quiero que se malinterprete mi desesperanzador mensaje, pero mi intención y mi sueño se habían desvanecido: no vería a Djokovic nunca en Wimbledon.

Disfruté el día. Vi partidos de jugadores excelentes como Joao Fonseca, Tiafoe, la mexicana Zarazúa (quien jugó con la que fue finalista, ya saben, la suerte de Ro) y Taylor Fritz.

Fue un buen día, pero no el mejor.

Wimbledon se respiraba en todo Londres. Mucha publicidad, tiendas, fresas y Pimms en todos lados. Yo con la experiencia de haber ido, Djokovic avanzando cada vez más de ronda.

No podía ocultar que estaba triste. Sí quería ver a Djokovic, pero lo que no sabía es que solo necesitaba las palabras adecuadas de motivación para aventurarme a buscar la forma de verlo. De eso se encargó mi novia. Con pocas palabras me hizo entender que era ahora o nunca, así que me lo propuse: NO ME IBA DE LONDRES SIN VER A DJOKOVIC.

¿Recuerdan la fila que les conté? Donde los primeros 500 en llegar entran a cancha principal, que es donde juega Djokovic… estaba decidido a ser de esos primeros 500, así que era hora de prepararse.

Casa de campaña, sleeping bag de Decathlon, libro de Djokovic… estaba listo para enfrentar cualquier adversidad climatológica. Yo IBA A VER A DJOKOVIC.

Para que se den una idea, hace 2 años llegué a las 4:30 a.m. a la fila y fui el lugar 737. Esta vez, con toda la decisión que tenía, llegué un viernes a las 8 a.m. para hacer la fila DEL DÍA SIGUIENTE, ya que Djokovic jugaba el sábado.

La organización realmente era muy buena. Me asignaron mi lugar para establecerme y acampar. Me hice amigo de mis vecinos, platicamos, convivimos, disfrutamos el día que iba para largo y, de repente, comenzó la entrega de las tarjetas. No pueden imaginar mi ansiedad. Me temblaba el cuerpo, me daba miedo que todo el esfuerzo se fuera a la basura al no ser de los primeros 500. Gente alterada, calor incesante, todos nerviosos hasta que llegó a mí la persona que entregaba las tarjetas y… ¡¡LUGAR 489!! Dios mío, lo recuerdo, lo escribo y sigo emocionándome. A 11 personas de perder la oportunidad de ver a Djokovic. 11 personas que fácilmente pueden traducirse a 5 minutos de haber llegado después de la hora en que llegué. Fue algo que verdaderamente movió mis emociones al punto de hacerme llorar, pero esto apenas comenzaba.

Ya todos con tarjeta en mano, decididos a pasar lo que restaba del viernes conviviendo, haciéndonos amigos y, claro, burlándonos de los losers que no consiguieron estar en los primeros 500. Al final del día, cada quien se fue a su casa de campaña a dormir, pidiéndole al universo no quedarse sin espalda ni cuello por dormir en el pasto.

Sábado. Nos levantaron a las 5 a.m. para recoger nuestras cosas y volver a estar en la fila. Claro que ya con tarjeta en mano todo era más alivianado para las emociones. Aun así, ya el cuerpo se sentía con cierto resentimiento de incomodidad por haber dormido chueco, pero el espíritu seguía a flote. Era hora de avanzar en la fila.

9 a.m., hacía 25 horas que estábamos en la fila. Llegaba la hora de comprar el boleto que me haría cumplir mi sueño de ver a Djokovic en Wimbledon. De verdad, decirlo suena tan sencillo, pero no saben lo mucho que me emocionaba eso.

10 a.m., ya con boleto en mano, era hora de volver a entrar al hermoso recinto de Wimbledon. Ya lo consideraba un viejo conocido, aunque suene presumido. Aunque, a decir verdad, estaba por primera vez por entrar a la cancha principal y eso me mataba de emoción.

Djokovic agendado para jugar a las 18:00, pero con la GRANDIOSA noticia de que volvería a ver a Jannik Sinner, ese jugador que actualmente es el número 1, y a Iga Swiatek, quien realmente tenía muchas ganas de ver desde hace muchos años y que, obviamente, ninguno de los dos me defraudó. Son unas bestias en el campo. Y que, por cierto, volviendo a la suerte que da Ro, tanto Jannik como Iga fueron los campeones de Wimbledon. Ya deberían darme aunque sea las gracias.

En fin, vivir esos partidos era solo el calentamiento para lo que estaba por venir. Ya había disfrutado de un buen sándwich de camarones, una cerveza fría y un Pimms. Estaba comido e hidratado, listo para cumplir un sueño más.

18:00. 34 horas después de iniciar la fila, ahí estaba mi ídolo. Ese quien pasó por tanto para llegar al lugar en el que está, ese que batalló contra todos, contra los mejores, y aun así logró sobresalir. El mejor de la historia de este deporte, quien sigue a sus 38 años demostrando que la edad no es un impedimento, que sigue en el top de jugadores del mundo: por fin estaba en la cancha Novak Djokovic.

No separé la mirada del juego durante la 1 hora con 47 minutos que este duró. Novak, como siempre, no decepcionando y regalándome el mejor punto que he visto en mi vida. De verdad, jamás había visto algo tan impresionante en el tenis y me lo regaló un hombre de 38 años.

Quise contar toda esta historia porque realmente fue algo maravilloso: desde organizarme, desde el momento de la entrega de las tarjetas, las comidas, los amigos, el gran y hermoso ambiente que te da convivir con gente que tiene los mismos gustos… y que todo haya culminado con un sueño más cumplido.

Me siento tan feliz, y hasta cierto punto me causa un poco de orgullo que nada me impidió lograrlo. Y espero que siempre que me proponga algo, logre hacerlo como los días en que cumplí mis sueños de ver a mis ídolos: CR7 y Djokovic.

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Ro.

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