Con un esguince de primer grado en el pie derecho, y con la nostalgia que provoca la despedida de pequeños viajes por mi país, como lo fueron Hermosillo, Puebla, Guadalajara, Guanajuato, Michoacán y Ciudad de México, me dispuse a terminar tanto el tour viajero más largo que he hecho en mi vida, así como el maravilloso año 2023 que me regaló la vida (la neta, ni tanto, pero no voy a empezar esta experiencia siendo negativo) con un último viaje a otro país, Argentina.
Boleto y maleta en mano, emprendí una de las aventuras más maravillosas que he hecho en toda mi experiencia viajera, un lugar al que quería ir desde muchos años y que mi mayor motivación para visitar fue la música, ya que mi banda favorita, Babasónicos, es Argentina. Pero no solo eso, el mayor compositor, cantante, rockstar, productor y músico que ha existido en el planeta entero (para mí, al menos) era Argentino, por supuesto, estoy hablando de Gustavo Cerati.
Quiero hablar sin filtros ni hipocresía, la verdad ir a Argentina sí generaba en mí una angustia, ya que en redes sociales (malditas y benditas redes sociales) se escucha mucho acerca de la discriminación hacia otros países latinoamericanos por parte de los argentinos. Mi preocupación era que, como mexicano, pudiera ser agredido, pero escribir todo lo que voy a escribir de Argentina es la mayor cachetada con guante blanco que me han dado en toda mi vida.
Mi experiencia comenzó con una escala en Chile. A veces las escalas pueden ser aburridas: cambio de avión, filas y cansancio. Pero siendo honesto, la escala cuando estás tomando el vuelo de ida no nos importa, porque son como niveles de juegos que debes superar para llegar a un destino que vas a disfrutar (como si así no fuera la vida). La escala de regreso sí es el infierno.
Siempre vale la pena mirar por la ventana de un avión, ver cómo se aleja el suelo y comenzamos a ver hormiguitas metálicas y edificios que, si bien en el suelo son imponentes, de lejos ya no tanto. Observar el cielo, el mar, el sol e incluso llegar a distinguir la negrura del espacio cuando estamos a una altura considerable. Pero ¡Oh Dios!, mirar por la ventana y observar todo ese cúmulo montañoso que son los Andes, limitando perfecta y hermosamente el territorio chileno del argentino, hizo que sí, valiera completamente la pena hacer una escala (Chile-Argentina).
Aterrizar en Buenos Aires y escuchar tu primer “boludo”, “che”, “re piola”, “copado”, me hizo recordar en mi presentación del blog cuando mencioné esas palabras que te hacen sentir en un mundo diferente: el encanto de viajar.
Mi primera y única parada al llegar a Buenos Aires fue para cambiar dinero, suena aburrido cambiar dinero, ¿verdad? Pues en realidad fue muy interesante, ya que, sin entrar en tanto contexto, Argentina tiene un tipo de cambio más beneficioso para los turistas llamado dólar Blue, pero sin ser oficial, por lo tanto, mi primera experiencia fue cambiar en una llamada cueva mis dólares por pesos argentinos a un tipo de cambio no oficial, así que sí, lo primero que hice al llegar a Buenos Aires fue algo ilegal jaja.
No pude disfrutar mucho de Buenos Aires en ese momento ya que la intención fue llegar, descansar y al día siguiente tomar otro vuelo a donde comenzaría oficialmente la aventura argentina, El Calafate.