5 de Diciembre.
Después de pasar unos días en El Calafate, era hora de conocer una de las ciudades que más me emocionaban, por su arquitectura, por su gente, por su historia. Por fin, estaba en la ciudad de Buenos Aires.
Cuando viajo, me gusta siempre buscar eventos de todo tipo, ya sean conciertos, deportivos, artísticos y culturales, ya que esto te abre la posibilidad de convivir con la gente local en un entorno más abierto, dinámico y divertido, y lo mejor de todo es cuando son eventos que me pueden interesar personalmente, como cuando tuve la oportunidad de ir a Portugal y en esas fechas jugaba CR7 un partido clasificatorio de la Eurocopa. Era OBVIO que no me lo iba a perder y aunque yo ya tenía programado mi viaje y el partido, me encanta decir que son coincidencias, me encanta crear mis propias coincidencias.
Todo esto lo cuento porque esta parte de Buenos Aires estuvo llena de “coincidencias” creadas por mí, pero no nos adelantemos. El primer día que llegué a Buenos Aires fue el mayor parteaguas para la ola de eventos que comenzaba a tener, nada más y nada menos que el regreso de uno de los artistas más importantes de mi vida, un artista que siempre ha sido considerado muy amado o muy odiado. Es claro de qué lado estoy yo, el señor Enrique Bunbury (Bombonry pa los cuates) era un concierto muy especial, ya que era el inicio de varios conciertos por Latinoamérica, Estados Unidos y España, luego de anunciar su retiro (sí, como por quinta vez, ya parece Vicente Fernández) y por supuesto que yo debía estar en el comienzo de esta nueva aventura para él.
A decir verdad, siempre he considerado una tipo “competencia” por ver qué público puede ser el más eufórico, dedicado, alocado y atrabancado, si entre mexicanos o argentinos. Amigos mexicanos, creo que hemos perdido esta batalla; recuerdo cuando era joven (bueno, más joven), con cualquier canción en vivo me prendía, brincaba y alocaba, pero el público no lo hacía y terminaba siendo mejor uno más sereno del montón. Me defraudaba el hecho de ir a un concierto y que la gente no se pusiera estúpida de emoción como yo, pues ¡oh sorpresa! Los conciertos en Argentina son un éxtasis de emoción y adrenalina, como si no nos hubiera alcanzado ya la tecnología y lo único que importara fuera disfrutar el concierto, incluso saber si no morirás aplastado es muy divertido. Pues ya se imaginarán cómo es el concierto de uno de los más grandes y longevos artistas de rock en una de las ciudades más alocadas a las que he ido en mi vida, puro goce total. Argentina 1 – México 0.
En este concierto también conocí la parte más linda y que más marcada se me quedó de la sociedad argentina, donde todo lo que pensaba de manera prejuiciosa fue removido con golpes de realidad. Fue que, terminando el concierto, sin ninguna obligación de hacerlo más que por el puro gusto y placer de habernos conocido, la familia de mis nuevos amigos argentinos me invitó a cenar pizza. ¿Saben? Ni siquiera recuerdo la última vez que en México algún amigo me invitó a cenar. Creo que fue el gesto que marcó un rumbo nuevo y diferente a mi viaje y me sentí tan agradecido por ese momento que me esforcé por agradecérselo implícitamente a todos y cada uno de los argentinos que conocí en este viaje.
6 de Diciembre.
Al día siguiente y nostálgico por saber que no volveré a ver a Bunbury en un largo tiempo, cansado y aún lleno de tanta pizza deliciosa que cené, era hora de un merecido descanso. Porque si recuerdan bien, desde la llegada a Buenos Aires de México, no habíamos tenido oportunidad de dormir como campeones. Pues hoy fue el día, pero no crean que no tuvo su toque EXTREMADAMENTE interesante este día, no, no, la mañana fue para descansar, pero en la tarde fue para conocer uno de los monumentos más imponentes y maravillosos de todo Buenos Aires, un recinto tan elegante que incluso por acudir a él fue el motivo por llevarme mi ropa más “nice” posible, el gran Teatro Colón.
En alguna publicación anterior mencioné mi gusto mmdor por la música sinfónica, donde he ido a conciertos en foros demasiado particulares como una iglesia o el increíble teatro Juarez en Guanajuato. Bueno, pues era el turno de un concierto en este gran teatro de Buenos Aires y, a decir verdad, me cuesta mucho trabajo describir la elegancia de un foro de este estilo, así que solo traten de imaginar esas películas en donde hay una escena de ópera y la gente está en los balcones observando a lo lejos con sus prismáticos. Bueno, así de elegante es el asunto. Aunque para poner las cosas parejas en esta batalla que creamos absurdamente entre mexicanos y argentinos, he de decir que el teatro Juarez es más espectacular que el teatro Colón. Argentina 1 – México 1. (Espero se denote el respeto e intención de bromear con lo que digo.)
7 de Diciembre.
Como siempre digo cuando salgo de viaje, el teatro Colón dio inicio al “tour mmdor”, donde la intención es ir a conciertos de música sinfónica, librerías, teatro y todo lo que tenga que ver con alimentar el acervo cultural de nuestras cabezas huecas. Y este día, era el día de conocer algunas de las librerías más emblemáticas de Buenos Aires, historias del café donde el mismo Borges se sentaba a desayunar, hasta el antiguo teatro convertido en una de las librerías más hermosas del mundo (no lo digo yo, lo dice una revista que no recuerdo cuál era). Fue un paseo cultural demasiado agradable, mi guía nos daba datos interesantes como una librería que se mantuvo abierta como forma de protesta ante la dictadura militar que hubo entre 1976 y 1983, ya que había mucha represión cultural llamada Edipo libros. Pero como todo paseo debe terminar con broche de oro, por último visitamos El Ateneo Grand Splendid, donde, si hablamos de teatros, este fue uno de los más importantes en 1919. Ya se imaginan la antigüedad de este emblemático lugar, aunque ahora es sencillamente una librería, muy bonita por su arquitectura, pero no deja de ser una simple librería.
Es curioso cómo este mismo día, donde recorrí varias librerías por la ciudad, también haya ido al concierto de un artista que probablemente jamás ha abierto un libro en su vida… ¡mentira! Me la pasé súper cool en el concierto de Peso Pluma, la chaviza argentina (porque en Bunbury éramos puro señor) fue muy divertida y alivinada, y como en Bunbury, mucha euforia. Honestamente, yo solo fui para disfrutar un poco de nacionalismo mexicano y ver la hermosa bandera mexicana en un escenario argentino, porque eso sí, hay que admitir que un artista mexicano rompiéndola en el extranjero es digno de admirarse. PURA DOBLE P ALV COMPA.
8 de Diciembre.
Siguiente día, ya más fresco y lechugozo, me fui de shopping y a meterme nuevamente a una de esas cuevas donde te cambian tus dólares por pesos argentinos, es toda una aventura hacer eso, porque entre que te sientes nervioso y sientes que te van a picar, se te mueven muchas emociones, pero no, toda la gente muy agradable. Las plazas pueden ser grandes atractivos turísticos, pero creo que muy pocas en el mundo valen la pena, ni siquiera sé decir en México qué plaza vale la pena para un turista visitar. En fin, lo comento porque lo mismo me pasó allá, fui a una plaza que no fue nada espectacular, aunque debo decir que valió la pena ir ya que me compré 4 playeras de mi banda favorita “Babasónicos”. Wuuuu.
Esto fue solo el despabile de la mañana con una caminata soleada, ya que el clímax del día se lo llevaría una de las maravillas arquitectónicas de la ciudad de Buenos Aires, el famoso Cementerio de la Recoleta, parada OBLIGADA de Buenos Aires. Es, como su nombre lo indica, un cementerio, pero con una importancia histórica en la sociedad argentina, tanto por su belleza arquitectónica como las figuras históricas que yacen aquí; recordando mi aventura por Michoacán, me puse nuevamente a pensar en todas las historias que pudieron pasar, tanto trágicas como emotivas, como la tumba de Eva Perón, quien desempeñó un papel muy importante en la historia y cultura argentina e incluso latinoamericana, o la historia de Liliana Crociati junto a su perro Sabú.
Recorrer estos pasillos llenos de tumbas tan bonitas me hizo recordar el esfuerzo de la mafia en México por querer construir tumbas hermosas, las famosas Narcotumbas, pero sinceramente en esta también perdemos. Argentina 2 – México 1.
Día 9 de Diciembre.
En todos los viajes de cualquier persona siempre existe un día que lo hace el más especial, pues para mí, este día fue como un sueño cumplido. Todo el mundo tiene sueños vagos, algunos más ambiciosos que otros como ir al espacio, bueno pues mi sueño cumplido fue poder despedirme oficialmente del que para mí sigue siendo, por su inmortalidad, el artista más grande que ha existido en el planeta entero, Gustavo Cerati. Pero nuevamente me estoy adelantando, ya que primero comenzaré con la parte emocionante del día. Tuve una reunión con nada más y nada menos que el ingeniero de sonido de Babasónicos, Gustavo Iglesias, donde pude adentrarme mucho, pero muuuuucho más, en el proceso de composición de la banda, donde se crean y mezclan sus sonidos. Era el lugar donde se cocinaba toda la magia para el deleite de todos sus fans.
Ahora sí, el apogeo de mi sueño, la culminación de un objetivo de vida (bastante fácil a decir verdad), flor y cámara tomando camino al cementerio de la Chacarita (sigo sin saber por qué no enterraron a Cerati en Recoleta). Otro cementerio con gran arquitectura, pero aquí había algo que en el otro no, y no me refiero a Gustavo Cerati. Era más como un ambiente de relajación, de serenidad, paz y tranquilidad. Se notaba que a pesar de la arquitectura, no tenía esta etiqueta de cementerio turístico como el de Recoleta. Puedo decir que incluso era más auténtico; aves cantando, flores coloridas, aromas florales. Si llego a morir, espero ser sepultado en un ambiente como este y no donde los turistas caminen sobre mí por 10 dólares el boleto.
En fin, puse rumbo a la tumba de Gustavo, él no estaba en estas tumbas arquitectónicas tradicionales, más bien él se encontraba en un espacio designado a urnas de cenizas en un edificio más común. Busqué y busqué por toda la cantidad de familias que aquí se encontraban hasta que un cúmulo grande de flores me señaló el camino donde era notable el cariño que se le sigue teniendo. Donde puede que con un poco de envidia, las otras urnas quisieran una de las miles de flores que Gustavo recibía, probablemente a diario. Me encontraba frente a él y su padre, jamás olvidaré la sensación al despedirme de una persona ajena a toda mi vida, donde el único sentimiento que me compartió fue el de escuchar su voz en cada letra de canción que compuso, tanto con Soda Stereo como solitas. Siempre será el más grande artista que ha existido en el mundo entero. :c
Este día aún no termina, no, no, no. De hecho, apenas comenzaba. Después de emocionarme al visitar el estudio de mi banda favorita y despedirme de mi cantante favorito, era hora de cenar acompañado de una de las tradiciones más emblemáticas de Argentina: el Tango. ¡Qué maravilla de música y danza nos regalaron! (Bueno, en realidad tuvo costo) en el tradicional restaurante El Querandí. Fue la primera velada del viaje en la que me dispuse a tomar unas buenas copas de vino, con una cena disfrutando de la música y el baile de los protagonistas del escenario. Ir a Buenos Aires y no ver un show de Tango hubiera sido el peor error que pude cometer, afortunadamente lo hice y quedé maravillado.
Y si creían que las copas de vino, el tango y la cena eran la culminación del día, o en este caso, de la noche, pues se equivocan. El día terminó, pero la noche comenzaba. Me dispuse a hacer lo que todo el mundo también debe hacer cuando sale de viaje: una noche loca como buen extranjero irresponsable. En realidad, no fue tan irresponsable, pero sí muy bailable y extrovertida. Saliendo de El Querandí, con la boca caliente de tanto vino, se nos ocurrió buscar un lugar donde poder disfrutar de una cerveza argentina. Por el camino, encontramos a un grupo de chicos y chicas esperando a que abrieran un lugar para ir a disfrutar la noche. Así que, como buen treintañero tío divertido, les pregunté si podíamos unirnos a ellos, y me comentaron que sí. ¿Cuál fue mi sorpresa? Que nos llevaron a un lugar llamado La Casa de Luca. Sí, Luca, el cantante de la también increíble banda Sumo. Es que estos argentinos han tenido puros artistas INCREÍBLES. Aquí sí, la noche duró y duró y duró hasta que mi cuerpo no pudo más… Sencillamente, el día y la noche más especiales de todo mi viaje, incluso por la gente increíble que conocí y que, al día de hoy, sigo en contacto.
10 de diciembre, el día donde mandé todo al diablo y me quedé a disfrutar de Shrek con pizza para descansar y prepararme para la siguiente gran aventura patagónica del viaje, Bariloche…