Es la primera vez que escribo sobre un viaje completo; lo dividí en 5 partes porque sinceramente fue una aventura muy extensa. Quiero creer que esta ha sido una buena idea para recordar todo lo que he vivido. No escribo sobre los precios del viaje, sobre el tipo de cambio, sobre las rutas. No soy una guía de viaje. Estas son meramente mis experiencias. Claro que con gusto y de una forma más personal puedo aclarar todas las dudas que puedan surgir, pero creo que el chiste de mi escribir aquí es meramente reflexivo y como un diario personal en el cual comparto con quien tenga el interés de leerme.
Empiezo esta publicación así, ya que experimento una especial nostalgia del viaje y nostalgia de mi escritura. Es un poco extraño, porque escribir en sí fue una aventura más aparte del viaje a Argentina.
Tengo muchos viajes pendientes por escribir. No sé si pueda lograrlo por el simple hecho de que la memoria guarda los detalles importantes para contar las experiencias, pero la magia de los pequeños detalles se ha desvanecido. Sinceramente, no recuerdo el aroma de la ciudad en mi viaje a China. No recuerdo alguna experiencia sensorial en Colombia o Brasil. Claro que tengo buenas experiencias para contar de otros países, como el enfermarme de gripe del camello en Qatar o la vez que me perdí en Perú con un tipo que conocí en la calle y terminamos siendo buenos amigos. Escribiré lo que más recuerde. Estoy muy emocionado porque escribir ha hecho que mi cerebro furule y rememorar eventos pasados será un placer muy divertido.
Una presentación un poco larga para comenzar con la última parte de mi aventura, pero tenía que sacarlo porque a partir de aquí comienza este nuevo proyecto llamado BH Blog.
Buenos Aires.
16 de Diciembre.
No sé cuántas veces en esta historia he mencionado a mi banda favorita. Es algo que me personifica mucho. No conozco ningún amigo que no sepa que Babasónicos es mi banda favorita y era hora de poner el mayor indicio de amor por ellos cumpliendo el capricho donde comenzó toda la historia de este viaje: vivir en carne propia un concierto de ellos en su país de origen. No solo me emocionaba ese hecho, Babasónicos es la primera banda fuera de México que veo en su país de origen. Sinceramente, si esto no es fanatismo, no sé qué más puede serlo.
Pero vayamos por partes que todo lo amerita. Desde días atrás, específicamente en el tour de librerías, pasé por una cafetería muy peculiar, donde siempre que ves un cúmulo de gente formada es porque algo debe valer la pena ahí (o porque regalan cosas, jaja). Así que este día 16 de Diciembre, decidí ir a conocerlo. El lugar era una cafetería con una historia que se remonta a finales del siglo XIX, la cafetería Tortoni, donde su arquitectura europea denotaba mucha elegancia. Aunque claro, en sus tiempos era un espacio refinado, ahora puedes ir en bermudas y no pasa nada. Lamentablemente y de manera personal, he de decir que su arquitectura es mejor que sus alimentos. Simplemente en Argentina jamás me acostumbré a desayunar dulce. (¿De verdad no conocen el huevito con jamón?).
Evidentemente al escuchar Argentina, una de las cosas en las que más pensamos es en fútbol y claro, sus equipos, que por su relevancia histórica en este deporte, el Boca Juniors y el barrio de La Boca, era una parada más que merecida al estar en Buenos Aires. He de decir que fanático del fútbol no soy. Bueno, amo los mundiales, pero ir a La Boca no solo fue una experiencia histórica deportiva, fue una muestra del derroche cultural que se vive en Buenos Aires: calles hermosas y coloridas, tango, cerveza, música, baile, fútbol, Maradona, Mundial de fútbol y personas muy agradables. Estar en este barrio incluso te hacía sentir como en una auténtica fiesta y para mí fue la gota de sangre latinoamericana que me hacía falta ver de los argentinos. Completamente, toda Latinoamérica somos una sociedad que le abre las puertas al mundo y los invita a festejar quién sabe qué, pero a festejar.
Ahora sí, era hora, la culminación de un viaje que hasta ahora iba sin ningún contratiempo, que quizás si uno que otro pequeño bache, pero que había valido completamente la pena, la hora del concierto de Babasónicos.
No sé cuántas veces los he visto en vivo, me atrevo a decir que más de 50, sin exagerar. No me importa, pero hoy, en este lugar, con la temperatura calurosamente más extrema que había sentido en mi vida (en serio), intentando estar lo más adelante posible, con 55 mil personas alrededor de mí, era hora de disfrutar de la música que me ha acompañado por más de 20 años de mi vida.
Me hubiera encantado decir que fue la mejor experiencia, pero objetivamente no lo fue. El calor sí estaba haciendo de las suyas, créanme, he guerrereado muchísimas veces contra la naturaleza, pero esta vez estaba perdiendo la batalla. No sé si es la edad, pero el calor era tan extremadamente sofocante que incluso los más jóvenes palidecían y se desmayaban. No había ni un solo servicio de venta de agua ni cerveza, el show estaba demorándose en comenzar e incluso viví una experiencia un tanto peculiar en la que dos chicas que aparentemente se encontraban en las filas de adelante, no lograron resistir el calor tan sofocante y decidieron salirse para poder tener un poco de aire, porque recordemos que éramos 55 mil personas y el aire era escaso. Pero al momento de pasar frente a mí, una de ellas se desvaneció completamente y para fortuna de ella (y mía, ya diré por qué) alcancé a sostenerla en mis brazos y bajarla poco a poco al piso, gritando que me hicieran espacio. Al mismo tiempo, le gritaba a la gente que me diera una botella de agua y, al recibirla, decidí echarle toda la botella en la cara para poder refrescarla y que reaccionara, lo cual resultó positivo y la chica reaccionó. Pero, ¿cuál fue mi sorpresa? Al abrir los ojos y verla, era la chica más hermosa que había visto, jaja. Honestamente, quedé pasmado y lo único que le pude decir fue que se saliera directo a la zona de descanso a tomar agua e hidratarse, solo eso. Jamás la volví a ver y estoy seguro de que tampoco la volveré a ver jamás, pero haberla ayudado me hizo sentir bien. (Te amo, donde quiera que estés).
En fin, el concierto demorado y ya todos sudados no quedó más que resignarnos a estar parados sin agua y calor cuando de repente, PFFFF, se apagan las luces. El calor fue lo que menos me importó en ese momento. El primer batacazo, el primer rasgueo de cuerda y el humo en el escenario anunciando el comienzo del concierto. ¡QUÉ LOCURA! Todos olvidamos esas limitantes físicas que nos hacían sentir agotados y brincamos como fanáticos locos desde la primera hasta como la 5ta canción seguida. Simplemente, era el mejor recibimiento que pudimos ofrecer a los impuntuales esos.
Fue uno de los mejores shows que había tenido el placer de vivir. Coreaba una tras otra canción, gritaba de emoción y como en todos los conciertos de Babasónicos, lloraba cuando tocaban “Ingrediente”. Hasta que de repente me llegó el golpe de realidad de señor de 31 años. No pude más, disfruté lo que tuve que disfrutar y decidí irme a la parte de atrás, específicamente a la zona de descanso e hidratación para tomar mis botellas de agua, hidratarme y sentarme a disfrutar el resto del show a lo lejos. Muchas gracias, Babasónicos, por existir y acompañarme en todas las etapas de mi vida.
Después del concierto, regresé a casa a dormir.
17 de Diciembre.
No podía imaginar lo que escuchaba en las noticias. La misma noche mágica que viví en el concierto, había ocurrido una de las peores devastaciones climatológicas de las que los argentinos tengan recuerdos. No lo digo yo, me lo comentaron muchas personas. Una tormenta en la que hubo muchos daños tanto a edificios, carros, árboles caídos, escuelas. Era una catástrofe en la que, lamentablemente, varias personas perdieron la vida. No pueden imaginar mi tristeza luego de ver que un país que me acogió tan cariñosamente esté pasando por una situación así. Sentía impotencia de no poder hacer nada, pero al final comprendí que así son las cosas, pasan y no dejarán de pasar. Las precauciones nos mantienen al margen, como los simulacros que hacemos en México, pero la sorpresa de la eventualidad siempre terminará siendo eso mismo, una sorpresa.
Decidí dejar de lamentarme y disfrutar la ciudad, ya que me quedaban pocos días. Así que tomé rumbo a un museo que me llamaba mucho la atención, donde otra vez había una referencia de mis Babasónicos en él, ya que días antes fue la grabación de una canción llamada “Tajada” en ese mismo museo llamado: Museo de Arte Moderno (sí, como en todos los países). La verdad, muy bonito, interesante pero nada fuera de lo común a lo que un museo se refiere.
Seguía triste, la verdad. Pero ¿cuál es el mejor remedio para un corazón lastimado? 1 kilo de carne, ¡claro que sí! Así que me puse en marcha para otro de los lugares más emblemáticos de Buenos Aires, el restaurante galardonado con una estrella Michelin, nada más y nada menos que Don Julio, donde al llegar pedí una mesa y me dijeron que necesitaba una reserva con 3 meses de anticipación, jajaja. Pero no todo estaba perdido, ya que es claro que los argentinos son conocidos por sus asados y me dirigí a otro restaurante que me recomendaron mucho llamado “La Cabrera”. Y aproveché la oportunidad para poder comerme el trozo de carne especial de la casa. Honestamente, no recuerdo cuál era, pero estaba muy rico. Aunque eso sí, creo que podría encontrar algo parecido en mi país, pero sí, a un precio más elevado. Incluso el mesero nos comentó que tenían una sucursal en Polanco, una de las zonas más caras de México.
Terminando de comer y todo gordo, me fui a dar una vuelta por la zona de Palermo, una especie de andador lleno de vida, restaurantes, cafeterías, boliches, heladerías, etc. Pero que esta vez se encontraban vacías, con árboles tirados y divertidamente apocalíptica. Fue un recorrido por mera curiosidad y morbo por ver cómo estaba la ciudad y sí, estaba hecha un desastre. Así que mejor de regreso al hospedaje.
No terminaba el día sin un nuevo evento al que solo fui por el emblemático foro llamado Luna Park, donde han habido presentaciones de mis bandas y artistas favoritos. Sí, también Bunbury y Babasónicos, pero esta vez sería un show de Michael Jackson y que, a decir verdad, disfruté mucho. Era un plan muy dominguero y agradable. Pero en fin, con eso concluye ese triste día.
18 de Diciembre.
Un día usado para buscar la playera de River Plate, eterno rival de Boca Juniors, donde su rivalidad rebasa cualquier signo de decencia humana y así relucir la esencia primitiva y animal que tenemos los seres humanos, como América vs Pumas. Pero bueno, nada especial más que en la noche volvía al Teatro Colón para un nuevo concierto de música clásica que presentaba la obra El Mesías, algo muy religioso para mi gusto, pero que se disfrutaba por la música y el foro.
19 de Diciembre.
Tenía muchas ganas de comprar unas sudaderas (allá les llaman buzos, jaja) de una marca llamada Circo Diseños, donde sí, también tenían figuras de Babasónicos. Así que emprendí mi camino y me compré dos buzos y una cangurera. Saliendo de mi shopping express, me dio curiosidad probar una paella en Argentina, el peor error que cometí en mi viaje. Me hubiera quedado con los asados. Luego me dirigí a una tienda de un equipo que desconocía, pero que por memoria a mis nuevos amigos argentinos, quise comprar su jersey. Aunque no encontré, me compré otro buzo del equipo de San Lorenzo y nuevamente por memoria a mis amigos, si me preguntan a qué equipo argentino le voy, yo siempre diré que a San Lorenzo y desde la cuna.
Este día sucumbiría con una cita triple con mis buenos amigos Cris y Diego, para ver la película japonesa Perfect Blue, que bien merece una publicación aparte por su relevancia cultural. Pero no estoy aquí hoy para eso. Cerveza, cine japonés y al finalizar un buen choripán frente al mar, la cita perfecta para recordar buenas amistades.
20 de Diciembre.
Llegó el día, ya tan esperado pero a la vez tan melancólico. Maleta lista y un último día para disfrutar de Buenos Aires. No hice mucho realmente, fui a desayunar a una cafetería donde ¡EL ÚLTIMO MALDITO DÍA PUDE DESAYUNAR HUEVO! Frente a una estructura muy bella que descubrí era la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, según yo alguien me la había recomendado y terminé desayunando frente a ella, cosas del destino.
Aun quedaban muchas horas para mi vuelo, quedé de verme con mi nuevo amigo Diego y mientras él llegaba, recorrí un parque inspirado en Japón. Me dio vibes de querer ir próximamente a Japón, es un objetivo de vida y espero próximamente poder escribir acerca de mi viaje a Japón. Pero en fin, salí y puse marcha al que sería mi último destino antes de ir al aeropuerto, el Museo MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), que bueno que sus siglas quedan bonitas porque es un nombre verdaderamente largo. Donde uno de sus más atractivos Highlights es tener en una de sus exposiciones obras de la misma Frida Kahlo. No soy muy fan, pero siempre ver algo relacionado a México fuera del país es motivo de orgullo. Y créanme, Frida Kahlo es de las mayores exponentes artísticas mexicanas.
Llegó la hora, mis chivas al coche y mi amigo Diego dándome aventón, un aeropuerto muy lejano de una ciudad que llevo tan cerca del corazón.
Aprendí una gran lección en este país, su nobleza y gentileza, su orgullo y pasión, gente luchadora por la vida, un idioma parecido con acento diferente y, a mi parecer, cautivante. Es curioso cómo un acento te puede enamorar, el romanticismo de sus palabras, su léxico, ese cariño con el que me recibieron. Argentina se convirtió en un gran aprendizaje para mí, donde considero que sería bueno tomar esas lecciones y promoverlas. Ese orgullo nacional por su patria y por sus figuras, me hace sentir desmotivado al saber con consciencia que una de las frases más verdaderas de los mexicanos es “el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano”, porque como país tenemos todo, y siempre debemos apoyar los éxitos y los fracasos de quienes nos representan fuera del país. Nunca sabremos el sacrificio por el cual pasaron para llegar a donde están y creo que los argentinos sí lo saben por sus compatriotas. Y esa es una de las mayores lecciones que me quedaré de ellos.
Argentina, me la pasé increíble, me hicieron sentir en casa. Todos y cada uno de los argentinos que conozca siempre tendrán las puertas abiertas de mi hogar y de mi corazón y espero sepan que en México nunca estarán solos porque tienen a su amigo Ro aquí.
Muchas gracias por todo, boludos.